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domingo, 23 de agosto de 2015

Prudencia: clave para la comunicación efectiva



Fuente: www.altonivel.com


La primera vez que escuche esta frase me causó mucha gracia: “Conecta la lengua con el cerebro”, podría parecer una broma, hasta que caí en cuenta de lo común que es que los seres humanos vivamos desconectados en este sentido.

Uno de los talleres o cursos más solicitados -en las empresas con las que hemos trabajado- es el de comunicación efectiva, para cubrir las necesidades de manejo de conflictos y mejoramiento del clima organizacional.
Hay muchas técnicas, herramientas y teorías para mejorar la comunicación, sin embargo, hay una competencia fundamental a la que no se ha dado suficiente importancia. Me refiero a la prudencia.
Se define como la capacidad de pensar, ante ciertos acontecimientos o actividades, sobre los riesgos posibles que estos conllevan, y adecuar o modificar la conducta para no recibir o producir perjuicios innecesarios.
Aunque se trata de una habilidad al alcance de cualquiera, le hemos dado una mayor connotación espiritual y religiosa, dejando atrás sus fines prácticos y mundanos. Casi como si fuera una cualidad exclusiva de un santo.
Sin embargo, no hace falta ser un santo para ser prudente y sí hay muchos beneficios que podemos obtener, especialmente en nuestras interacciones y en los ambientes que generamos en  los diferentes ámbitos de nuestra vida.

3 dominios principales para ser prudente

1. Prudencia al pensar

Contrario a lo que muchos creen, los pensamientos están en nuestro control. Si bien no podemos evitar que nuestros pensamientos surjan automáticamente, sí podemos filtrarlos y quedarnos con los que sean más funcionales para nosotros.
No hacer juicios precipitados y poco o nada fundamentados. Cuando etiquetamos de manera automática a una persona o situación, estamos siendo imprudentes y no nos damos cuenta del estado de ánimo que nos genera dicho pensamiento y el impacto que tiene en nuestra interacción con los demás.
Cuidado con frases como “piensa mal y acertarás” no siempre es así y sí puedes dañar significativamente tus relaciones.

2. Prudencia al hablar

Otra de las definiciones de prudencia, se refiere a ésta como la virtud de comunicarse con los demás por medio de un lenguaje claro, literal, cauteloso y adecuado.
Para ello, hay que estar plenamente conscientes de que el lenguaje genera realidades y que a partir de nuestras declaraciones o afirmaciones creamos mundos distintos, y cambiamos el rumbo de las cosas y de nuestras relaciones. Si realmente fuéramos conscientes de esto, cuidaríamos mucho más nuestras palabras.

3. Prudencia al actuar

No sólo al hablar modificamos nuestro mundo, también al actuar generamos una nueva versión de nosotros mismos -para bien o para mal- vivimos reinventándonos constantemente.
Sí eres de los que piensa: "así nací y así me moriré", ¡cuidado! Es posible que estés generando ambientes restrictivos y que tus relaciones no evolucionen por la falta de apertura hacia tu propio crecimiento y transformación.
No se trata de perder espontaneidad, sino de pensar un poco antes de actuar, sólo para asegurarte de que no estás causando ningún daño a nadie (incluso a ti mismo).

3 actitudes que nos llevan a caer en imprudencias

1. No es lo mismo directo que imprudente

Haciendo honor de la honestidad o de la claridad, muchas personas rebasan la línea del respeto y caen en imprudencias que impactan de manera negativa la interacción y el ambiente en el que se desenvuelven.
Se llenan la boca de orgullo con frases como la siguiente: “Yo no me ando por las ramas, digo las cosas como son”.   Recuerda que las cosas no sólo son como tú las ves, siempre hay otra cara en la moneda y nuestra libertad de expresión no está peleada con la cortesía y los buenos modos.

2. La falta de empatía

La falta de compasión por el otro. Por mucho que tengamos razones y fundamentos para estar molestos, no es necesario ofender o  lastimar a la otra persona. Antepongamos siempre los sentimientos, la vida y la libertad de los demás y de nuevo cuidemos las formas. 
Quizá puedas ganar una discusión, pero piensa que puedes perder tu relación con la otra persona. ¿Qué tiene más valor para ti?

3. No buscar el momento

No pensar en el momento adecuado para decir las cosas o actuar de determinada manera puede ser la fuente de muchos de nuestros problemas. Si eliges el tiempo indicado es mucho más factible que tu punto sea bien recibido y que logres el efecto esperado.
Si en el momento en que surge tu inquietud la otra persona no está disponible, puedes pedirle tener una conversación en un futuro cercano y plantearle cuál es el tema y por qué es importante para ti.

martes, 7 de julio de 2015

7 cosas que NUNCA debes decir al vender




Fuente: Revista Soy Entrepreneur

Los desacuerdos llegan en más formas que sólo decir “no”, y si estás en desacuerdo con alguien, jamás cerrarás una venta. 

Los acuerdos son los elementos más vitales e irónicamente más violados de una venta. No estoy diciendo que debas mentirle al cliente. Es un arte decirle al consumidor “Me encantaría poder ayudarlo” en lugar de “No es mi trabajo” o “No puedo hacerlo”. 
Aquí has siete cosas que nunca debes decir al vender o hacer negocios.

1. “No es mi departamento”


Siempre tienes que tomar las responsabilidades que te corresponden, en las ventas y en tu vida personal. No culpes a la mala economía, a otras personas o a las condiciones externas porque lanzar culpas te convierte en un esclavo. 

Las grandes personas saben aceptar sus responsabilidades y se centran en su habilidad para lograr los trabajos pendientes. Si tienes el valor de aceptar el crédito cuando ganas, sé lo suficientemente grande de aceptar cuando pierdes. 

2. “Puedes confiar en mí”


¿Alguna vez has notado que un cliente realmente no te está escuchando? Esto sucede porque el presunto consumidor cree que eres un vendedor en el que no se puede confiar.  Todos los días se escuchan noticias de fraudes y corrupción que hacen que las personas se vuelvan escépticas. Perder credibilidad sumado a esta desconfianza casi natural del consumidor, te costará ventas. 

Decir “Confía en mí” a un prospecto realmente no te ayudará a generar confianza y puede que tenga el efecto contrario. Recuerda que las personas confían en lo que ven, no en lo que escuchan. 
Siempre, siempre muestra documentación necesaria para apoyar tus propuestas. Asegúrate de tener diversas fuentes que apoyen tu postura para darle más credibilidad a tus palabras. Y debes escribir todo lo que dices, ofreces, propones, prometes, sugieres y mencionaste durante tu presentación. 

3. “Yo no lo uso”


Nadie te creerá el valor de un producto o servicio hasta que tú lo hayas probado primero.  Si trabajas en un establecimiento de venta de autos y no manejas los vehículos que promueves, pierdes credibilidad. Nadie le compra a quien le genera desconfianza. 

La convicción puede construir o destruir tu propuesta y una venta se logra cuando crees verdaderamente en el valor de lo que estás ofreciendo. En el momento que muestras dudas es cuando se imposibilita la venta. 
Tienes que estar 100 por ciento seguro de cómo funciona el producto o servicio para poder maximizar tus oportunidades de venta. ¿Cómo esperas vender algo que tú mismo no comprarías?

4. “Es política de la compañía”


Nadie quiere escuchar esto, jamás. A nadie le interesa la política de la empresa, les importa que el producto o servicio funcione, así que no utilices esta frase para justificar por qué no puedes o no quieres hacer algo para el cliente. 

Si tienes una política que conflictúa con el servicio al consumidor, rómpela y genera la solución necesaria. 

5. “Somos competitivos”


La idea de que la competencia es sana es para los consumidores, no para los vendedores. No compitas, domina. 

Cuando Steve Jobs quería vender celulares, la mayoría de las personas en Apple le dijo que era mejor concentrarse en el iPod. Hoy, el iPhone es el smartphone más popular del planeta. Así es como te destacas: necesitas dominar tu campo. Usa LinkedIn, Twitter, Google+, Facebook y otras herramientas para ser en lo primero en que las personas piensen cuan do busquen tu producto o servicio.

6. “Puede salirse del precio que puede pagar”


Siempre trata al comprador como comprador, jamás prejuzgues la habilidad del consumidor de consumar una compra.  
No importa si el prospecto te dice que tiene un presupuesto limitado o te dice que no tiene dinero, siempre trata a las personas como si fueran realmente a cerrar el trato. 


7. “Es mi día libre”

Siempre debes estar abierto a hacer negocios. ¿Alguna vez has recibido un mensaje de una grabadora cuando quieres contactar a alguien? Es muy impersonal y molesto. Nunca anuncies que no estás cerrado a recibir oportunidades de venta.